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El Pececito Negro
“¡Mamá!, Por mí no llores, llora por esos viejos, gordos, torpes e inútiles peces que no han aprendido nada en la vida”. Dijo el Pececito



Prólogo

El Pececito Negro, es el relato de las peripecias de un pequeño pez que abandona su morada en un riachuelo donde había nacido. Se convierte, en un desterrado por su propia voluntad; sin tener miedo ni al pelícano ni a la garza, ni al caer dentro de la red del pescador o enfrentarse cara a cara con la muerte. Al igual que muchos aquellos que en un frío amanecer entregaron su alma a la rojez del alba con un grito de “¡Viva la Libertad!”.

Uno de ellos fue mi inolvidable amigo y compañero, el poeta y periodista: Khosrow Gol-e-Sorkhi (la transliteración de su nombre en español sería: Josrow Gol-e-Sorgi que significa “Josrow de la rosa”).

En la fría mañana del día 18 de febrero de 1974 murió de pie - como un ciprés, erguido y con la cabeza muy alta - ante el pelotón de fusilamiento en un campo de tiro cerca de Teherán. Aquel día yo estaba en la cárcel de Qasr. Unos días después me enteré de su muerte a través de otro amigo que había venido a visitarme.

Khosrow Gol-e-Sorkhi en la última sesión del Consejo de Guerra que le juzgó:

Él dice: "yo, no voy a regatear para salvarme la vida…" y añade; "Yo no tengo nada que decir en mi propia defensa, yo
estoy defendiendo a mi pueblo… "

Para ver parte de la última sesión del tribunal castrense que juzgó a Khosrow (en un vídeo de YouTube), haz clic sobre la flecha que aparece en el centro de la imagen. Él empieza
recitando uno de sus propios poemas:

"¿Dónde está centro de gravedad de la Tierra?, y, ¿me encuentro en qué parte de ella?"
Otro amigo mío era el primero teniente de infantería Yadol.lah Hemmat.zade. Primero le condenaron a cadena perpetua, sin
embargo después de tres meses le fusilaron. 

El Pececito Negro se sacrifica para que los demás peces no corran la misma suerte que sus antepasados. En el
momento de emprender su periplo hacia el destierro - el Pececito Negro - dice a su madre: “¡Mamá!, Por mí no
llores, llora por esos viejos, gordos, torpes e inútiles peces que no han aprendido nada en la vida”.

A El Pececito Negro la muerte no le importa, lo importante es que su muerte de qué manera puede influir en la
vida de los demás. Él mismo dice: “La muerte, en cualquier momento y con mucha holgura puede hallarme; pero
mientras yo pueda estar vivo y seguir adelante, no debo darle la bienvenida. Si me encuentro con ella cara a
cara - que por cierto me encontraré algún día - no me importará; lo importante es el efecto que mi vida o
muerte puede tener sobre la vida de los demás”.

También así fue la vida y muerte de Samad Behrangui, un joven maestro en una aldea de Azerbaiyán - el
creador de El Pececito Negro. SAVAK (la policía secreta del Shah de Irán) ni le permitía a Samad dar clases a
los niños mayores de nueve años, ni consentía que él impartiera clases en las escuelas de las ciudades
grandes. Hasta que un día se dieron cuenta de que Samad, con sus cuentos y relatos; no solamente había
arado las aldeas de Azerbaiyán, sino los desiertos más allá de las fronteras y había sembrado en ellas las
semillas de esperanza y la libertad.

En el mes de octubre de 1969 aparecía una escueta nota en la prensa estatal de Irán que se leía: “Por no
saber nadar, el maestro azerí Samad Behrangui, se ahogó en un río”. Acababa de cumplir 31 años. Según los
rumores que entonces circulaban boca a boca; los agentes de la SAVAK le arrojaron al río Arax y empezaron a
disparar por encima de su cabeza; hasta que él no pudo salir del agua y se unió a la eternidad.

En el año que El Pececito Negro vio la luz por vez primera, corrían otros tiempos y los ideales eran distintos que
los de hoy. Unos querían seguir el camino de Che Guevara. Otros se sentían orgullosos de reanudar las pautas
marcadas por un general, pero yo seguí los pasos de El Pececito Negro y vine a España.

El Pececito Negro, está traducido a muchas lenguas del mundo, y fue mi primera traducción del persa a
español. Apenas llevaba seis meses en Madrid cuando lo traduje. Este relato se publicó por la primera vez en
España en el “Diario de Cuenca”

Rassoul Pedram

Sigue ...
Primer teniente de infantería Yadollah Hemmat-zade
¡Presente!
LETRA ( de Cesáreo Gabaraín, adaptación militar de Tomás Asiaín) :

Cuando la pena nos alcanza,
del compañero perdido.

Cuando el adiós dolorido,
busca en la fe su esperanza.

En tu palabra confiamos
con la certeza que Tú:

ya le has devuelto a la vida,
ya le has llevado a la luz.
Ya le has devuelto a la vida,
ya le has llevado a la luz.

La muerte no es el final
 
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